La Confitería San Vicente reabre en Cartagena tras la reforma

La esquina de la calle San Vicente ha vuelto a poner el obrador de cara a la acera. Maestros confiteros desde 1960, la Confitería San Vicente otra vez abierta en Cartagena después de las obras.

moltissim La esquina reformada de la calle San Vicente, con el rótulo de maestros confiteros desde 1960.

A finales de agosto la casa anunció en sus redes una nueva etapa: la misma esencia y novedades por delante. El 1 de octubre escribía que, tras unas semanas de cambios, preparaba la vuelta y agradecía la espera. El día concreto no salió en esas publicaciones. Los globos y la gente cruzando la puerta son la confirmación.

Desde 1960, la familia Munar

La confitería la abrió en 1960 José Miguel Munar, Pepín. En 2021 La Opinión de Murcia contaba que la regenta su nieto, el maestro pastelero Antonio Sánchez Munar, junto a su hermana. La Verdad, en diciembre de 2022, daba el nombre de esa hermana, Begoña Sánchez, y hablaba ya de la tercera generación. El mismo reportaje recordaba que San Vicente era entonces la única confitería que seguía en la calle, después de que cerraran las otras dos que habían compartido acera.

El oficio no se ha mudado con la obra. Siguen los dulces que la ciudad reconoce como de esta casa: exploradores, cordiales, empanadillas, riñones de chocolate, rollos de Pascua, tortas escardadas, crespillos y el Mari Bruni. Y los que han salido del mostrador para contar Cartagena: el submarino de Isaac Peral en chocolate, los bombones de café asiático y, desde el 15 de septiembre de 2026, la figura del Teatro Romano, presentada con el apoyo del área de Turismo del Ayuntamiento. Antonio Sánchez lo dijo ese día: «Ya teníamos el submarino de chocolate y los bombones de asiático, y queríamos incorporar otro de los grandes símbolos de Cartagena, como es el Teatro Romano».

El número 33, en el casco

El local está en el número 33 de la calle San Vicente, 30201, en el casco antiguo, cerca de la iglesia de la Caridad y del Parque de Artillería.

Que esta esquina vuelva a abrir pesa más que un rótulo nuevo. El centro se queda sin obradores antes que sin letreros, y esta calle ya había visto cerrar otras confiterías. San Vicente era el sitio donde aún había un maestro confitero. La reforma le cambia la piel —piedra nueva, toldo nuevo— y deja el año 1960 donde estaba: en la fachada.

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